jueves, 24 de noviembre de 2011

Cambios

Hoy me he enterado de algo, que no viene al caso, pero la cuestión es que me ha hecho pensar en todo lo que tenemos alrededor y como puede cambiar en nada. Realmente nos cuesta demasiado conseguir algunas cosas, y demasiado poco tiempo perderlas. Además, muchas veces no depende de ti, y esas pérdidas son las que más duelen.

El problema es que el tiempo pasa, y con el tiempo solo conseguimos pensar. Pensar equivale a comernos la cabeza, a intentar implementar cambios en nuestra vida, por muy bien que estemos, y esos cambios son lo que nos mueven. A todo ésto, si no hubiese cambios todo seguiría siempre igual, hecho una mierda, por lo que los cambios tampoco están mal.

El fin de semana pasado fueron las elecciones, y a mi parecer la mentalidad de las personas también ha cambiado en varios sentidos. Por una parte, mucha gente ha retirado la confianza del partido que anteriormente gobernaba, por otra parte, muchos de ellos han apoyado al partido que se encontraba en la oposición; pero además encontramos que otros muchos han pasado a votar a las minorías, o se han apoyado en los nacionalismos. Realmente no sé si todo ésto es bueno, o malo, simplemente lo tengo que interpretar como un cambio más, que espero que salga todo lo bien que se pueda.

Para el resto de los cambios, que vengan cuando quieran, que yo les espero, pero, por favor, los trastornos que se queden en su casa, que yo como estoy soy muy feliz.

viernes, 18 de noviembre de 2011

PAT

Lo he estado pensando mucho, y creo que en innumerables ocasiones nuestras caras se asemejan a ésto:


En efecto, un perro pachón. ¿Realmente piensas que me apetece levantarme cada día y ver como tu cara es más parecida a ese perro que la de uno de su misma especie? Hay que cambiar de mentalidad, de veras.

Rubén Romeo Darío Rodríguez, mi entrenador de toda la vida, un día nos explicó el significado de un PAT. Un PAT era, en alvanocosovar, o qué se yo en qué idioma dijo, algo así como un sujeto que ponía en todo momento cara de perro pachón y no hacía nada más que quejarse de todo, lo que le impedía disfrutar de las cosas. Debió decir muchas más cosas, es más, lo apuntó en la pizarra, pero yo me quedé con lo de la cara y la actitud, que pienso que es siempre lo más importante.

Hay muchas personas que por la cara no pueden hacer nada, no todo el mundo sale guapo o guapa, pero no todo es la genética. Por muy feo que seas siempre te puedes arreglar algo, yo que sé, aféitate esa barba de talibán que te sale, o deja de comer chocolate y hacerte #%&@$ para que no te salgan más granos. Además, toda cara mejora mucho con una sonrisa, y ya no pido que todo el mundo se pase el día sonriendo, sino que debemos dejar de poner esas caras y hay que tratar de esbozar una leve sonrisa cuando nos encontramos a alguien que nos importa. Nada de caras de perros pachones por favor.

Luego está el tema de la actitud. Me encanta hablar de la actitud. El caer bien es cuestión de actitud, igual que el que te salgan bien las cosas. Muchas veces hasta las desgracias que te ocurran serán cuestión de tu actitud. Levántate por la mañana, búscale el sentido oculto a las cosas, disfruta hasta de la última patata frita del Burger King, que están increíbles, abre los ojos a tu alrededor, sal a hacer ejercicio, no te quejes, disfruta de cada momento que tienes. Vive, o aprende a vivir, por favor.

Sino aprendes a vivir, al menos deja vivir a los que lo hacen, no contagies esa actitud a nadie, te lo pido.

jueves, 17 de noviembre de 2011

La vida pasa.


La vida es rápida, la vida no espera. Realmente lo que pasa es el tiempo, y en ese tiempo tú eres el que decide cómo vivir tu vida, como superar las cosas, o como anticiparte a ellas. Me río de quien diga que la vida es sencilla, ya que hasta la persona más simple tiene decisiones que la persona más ocupada y compleja no sabría cómo tomar. La vida es constante evolución.

Las decisiones que tomamos nos van a marcar siempre.

jueves, 10 de noviembre de 2011

El dilema de La Caja.

Hay ocasiones en la vida en la que se nos proponen situaciones muy curiosas, y no son curiosas por lo complicadas que puedan llegar a ser, sino por la curiosidad de nuestra respuesta. Hay, sobre todo, un tipo de estas situaciones que se pueden explicar por el llamado "dilema de la caja".


Imagina que te encuentras en un concurso, y el presentador te da a elegir entre un pedazo de premio o lo que se esconde en el interior de la caja. Tú sabes qué es claramente el pedazo de premio que te ofrece, pero la caja no, no tienes ni idea, y eso es lo que en muchas ocasiones te hace decidirla. La mera posibilidad que pasa por nuestra cabeza de que el premio contenido en el interior de la caja sea mayor, o mejor, que el premio que tu puedes ver físicamente lo hace demasiado tentador, y no hay demasiados que se resistan.

El dilema de la caja lo podemos trasladar a un montón de situaciones diferentes. En vez de una caja puede ser una cortina, o en vez de ser un premio puede ser una amistad, una relación, o cualquier cosa. Es nuestra naturaleza curiosa la que nos hace perder el premio seguro.

Mi primer dilema de la caja lo encontré entrenando, en la piscina, a waterpolo. Entonces te preguntas: ¿y qué te encontraste? Y es que mi entrenador, un gran tipo gracioso como el solo, nos ponía en la pizarra dos entrenamientos diferentes, ambos duros, pero uno menos que otro, y después nos ponía un entrenamiento sorpresa. Lo hizo varias veces. Recuerdo que solo en una ocasión no nos arriesgamos, y salimos ganando, pero me alegré de haberme arriesgado las demás veces, porque el riesgo estaba presente, y no te importaba correrlo.

De todas formas no hay que fiarse en los dilemas de las cajas en los concursos, ya que debería estar probado que si escoges la caja habrá un maldito clip, y si coges el premio tangible habrá una maldita maravilla en la caja. No es mala suerte, sino que son cosas que tienen que pasar así.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Algo como de ciencia ficción.

Yo pienso, luego existo, como diría un drogadicto allá por el año XVI y XVII (nótese que con drogadicto me refiero al término filósofo, que no quiero crear mal ambiente, pero es que muchos me lo parecen). Mi problema es que hay momentos en la vida en los que pienso mucho, ¿demasiado? nunca es demasiado, pero hay otros momentos en los que no pienso tanto, y claro, no soy plenamente consciente de lo que me rodea.

La vida es como una caja de bombones, al principio parece muy grande y luego se te hace demasiado corta, además tiene algo de ciencia ficción en ella, lo que hace que hayan momentos que  los saborees con un paladar distinto al habitual, ya sabes, los disfrutas de una forma diferente a cómo lo harías normalmente. Estos momentos tendrían que ser especiales, pero últimamente no nos fijamos en esos momentos, sino que la moda reside en dejarse llevar, en pasar...


Hemos dejado atrás la época en la que predominaba el más fuerte, y los diferentes pueblos se medían entre ellos con garrotes, espadas, piedras o lo que hiciese falta, y todo ello es una pena. El producto de este cese de la violencia armada aprobada por todo el mundo hace que la población se dispare, que los recursos energéticos se queden cortos, que los pisos tengan dimensiones irrisorias, que como sabes que vas a vivir probablemente demasiados años no disfrutes por completo de tu vida, y eso mismo es un error fatal. Estoy seguro que cuando se vivía 25 años y pasaba algo gordo en tu comunidad todo el mundo se alzaba y luchaba, pero hoy no, porque dentro de 5 años volverá a pasar lo mismo. La vida así carece de sentido. Lo único que hemos conseguido con tanto "desarrollo" es ir hacia atrás, no estamos hechos para ser tantos, nos limitamos a cerrarnos en banda a hacer aquello que nuestras leyes morales nos dejan hacer, y no lo que nuestro cuerpo e instintos piden. Así no vamos hacia ningún lado.

Los humanos hemos venido al mundo para criticarnos, para curiosearnos, para insultarnos, para pegarnos y para muchas cosas que no son "recomendables" a los ojos de la moralidad. Pero, ¿quién diseñó esa moralidad? En momentos me pregunto si fue una persona, por eso lo de la ciencia ficción.

sábado, 5 de noviembre de 2011

No existe la mala suerte.

Ahora te cuento...

Todo empezó ayer por la noche, bueno realmente empezó mucho antes. Llevo un par de semanas que estoy agobiado, bastante agobiado, porque el horario que llevo no me deja casi respirar, porque intento entrenar cuando no tengo tiempo, porque siento como no cumplo mis responsabilidades, por muchas cosas más en general, y ninguna en concreto en el terreno de lo particular. Todo se me acumula, como supongo que le pasa a mucha gente, y no sé qué hacer con toda la mierda que se acumula dentro de mi cabeza. Ayer exploté, con mi madre, con mi padre, sobre todo con ellos, y discutí, y lo pasé mal, y lloré, y más cosas. Agobiarse es muy malo, te hace pensar que no llegas, pero realmente nunca lo vas a saber, porque ¿quién te dice que si en este mismo momento te lo estás planteando no estás tirando el tiempo que te servirá para llegar? La vida es corta, y nosotros somos capaces de hacer cosas que deberían estar inalcanzables, pero día tras día se nos demuestra que no es así, todo lo que te encuentras en tu vida te enseña a estar algo más cerca de tu sueño, y así se construye el mundo, poco a poco. Créeme, se puede llegar.

Entonces me he levantado mejor esta mañana, habiendo dejado tirados a mis amigos la noche anterior. Lo primero que he querido hacer es disculparme aún más con mis padres, como toca, porque la culpa no es sino mía, y aunque se lo dije ayer, ellos siempre aprecian que desayunemos juntos. El perdón es lo que te hace más humano, y te hace tan humano cuando perdonas como cuando pides perdón con sinceridad. Hoy me he sentido la persona más persona del mundo, lo siento por vosotros.

Por la tarde debía jugar un partido en Castellón, así que tenía que irme de casa, y ya de paso me quedaría en el piso allí (aquí) de cara a pasar la semana, como siempre. El partido perdido, pero buen partido, me quedo con cómo he jugado, que no está demasiado bien, pero no está mal.

Cuando llego al piso se me ocurre ir a por el pan antes de que cierren el supermercado, y voy; después de todo acababa de jugar un partido, y estirar las piernas y que me de el aire me viene siempre bien para ponerme a estudiar. Me dejo las llaves dentro. Lo sé, soy un despistado, pero estoy cansado. Es mi culpa, pero lo único que he podido hacer es reírme de mí mismo, no tengo otra, si me pongo a llorar y pienso que soy un imbécil no voy a lograr nada.

He hablado con la casera, y he quedado en su casa para que me de las llaves de repuesto. Por el camino iba hablando con Lucía y con mi madre, por turnos, nunca a la vez, y entonces se me queda el móvil sin batería.

Ya estoy en casa, y tengo que estudiar porque el lunes y el martes tengo exámenes.


Y ¿por qué escribo de todo ésto? Porque hoy ha sido uno de esos días de los cuales no puedes hacer nada con ellos sino aprender. Y he aprendido que a pesar de que te pasen muchas cosas malas no tienes por qué pensar que todo te va a pasar a ti, porque sino te pasará. Hoy me he reído, y bastante, sobre todo en los capítulos posteriores al partido, donde estaba relajado y cansado. Al final lo he visto desde otro punto de vista, ahora sé que no me tengo que agobiar, sé que tengo que mejorar más jugando, esforzarme por coger las llaves cada vez que salga de casa y además cargar el móvil aunque tenga media batería, porque las baterías ya no se hacen como antes, y no duran nada.

Sé que la mala suerte no existe, sino que existe una actitud ante la vida. Hay quien piensa que cuando un día te sale mal te va a pasar todo a ti, y entonces es cuando pasa. La mente es el arma más poderosa, y no tenemos un mecanismo para evitar las desgracias, pero sí para atraerlas, y si hay algo peor que una putada son muchas en fila. La vida hay que tomársela con filosofía, y eso es lo que no he hecho últimamente.

Hoy realmente no he aprendido nada, sino que la vida me lo ha recordado. Mañana toca despertarse pronto para estudiar, y cuando lo haga sonreiré por no haber tenido que dormir en el rellano de la escalera hasta que llegasen mis compañeros de piso. También tienes que pensar que las cosas podrían haber salido peor.

Hay que cambiar esa actitud de perros pachones.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿A qué juego ahora mismo?

Es simple:

En primer lugar juego a los minijuegos online del Skype con mi novia, son muy entretenidos, y fomentan la competitividad (a veces no tan buena para la relación):


En segundo lugar sigo jugando al que ha sido mi juego principal por más de un año ya, League of Legends. A pesar de todo el tiempo invertido en ese juego y todos los buenos ratos lo voy dejando poco a poco, ya que en parte empieza a cansarme todo el rato la misma dinámica DotA, un mismo metajuego, un mapa igual... De todas formas sigue siendo un grandísimo juego:


Además, me he vuelto a bajar el World of Warcraft (juego en un servidor pirata, sí, pero ya no le voy a echar nunca más la cantidad de horas que hacía antes), y estoy esperando el Diablo 3, por supuesto. Al mismo tiempo mi hermano se acaba de comprar el Battlefield 3, y ahora está en casa el Call of Duty Modern Warfare 2.

Sin embargo, la semana pasada me apropié del que quiero que sea mi juego durante una temporada, hasta que salga el diablo más o menos, y es el Starcraft 2. Es un juego de estrategia donde los haya, en el que tienes que invertir más horas leyendo sobre unidades, aperturas y defensas que jugando, y aun así te van a seguir metiendo palizas online. Llevo una semana jugando y no levanto cabeza, no gano ni una partida, pero me gusta mucho el juego. Ya mejoraré con el tiempo, o eso espero. Próximamente sacarán la expansión, así que mejor imposible:


Me encantan los videojuegos.
Sé que se nota.