Desde el primer momento de mi vida que recuerdo he sido nervioso. Yo creo que nací con ello, hasta nací con prisas siendo el primer hijo de mi madre. A mi abuelo no le dio tiempo de comprarse una cazadora nueva, y cuando llegó a ver cómo iba el parto yo ya había salido. Entonces supongo que había pensado que fuera el mundo sería de otra forma, que me mirarían raro, y por vergüenza crecí. Era un bebé enorme cuando nací, 4.2 Kg. o una cosa así, aunque el record de la familia lo tiene mi primo con 4.5 Kg., un máquina.
También he sido siempre vergonzoso para todo lo relacionado con desconocidos, o conocidos que vuelves a conocer de otra forma. Para mí simplemente el tener que quejarme de cualquier cosa a una persona que no conozco no me sale, pedir cualquier cosa a un camarero en ocasiones se me hace eterno, y no solo eso, ya no hablemos de personas que no están en su oficio. Realmente no sé cómo he conseguido tener los amigos que tengo, supongo que por suerte, porque de los que conozco a muy pocos me he acercado para decirles cualquier cosa, y si lo he hecho sería porque la inseguridad de los demás me hace tragarme mis chorradas. Tengo vergüenza, pero siempre he estado bien seguro de mí mismo.
Los nervios se manifiestan en mí de una forma muy obvia: MIS UÑAS. Por fuera muchas veces no parece que sea una persona demasiado nerviosa, eso sí, no me mires las uñas. Mis uñas con diferencia la peor parte de mi imagen, peor que el gallo que me queda todas las mañanas en el lateral derecho de la cabeza por la almohada y que nunca me bajo. Mis uñas no tienen una explicación, más bien tienen muchas excusas detrás, y suele ser por cuestión de épocas. Cuando me pongo nervioso por cualquier cosa mis "UÑAS" pasan a ser "uñas", y el problema es que a partir de ahí ya no dejo que vuelvan a ser largas (todo lo largas que las he podido llegar a tener). Mis nervios siempre van para adentro, pase lo que pase, se me notan menos que la vergüenza incluso, tengo buen autocontrol para eso, pero lo exteriorizo por mis apéndices también llamados, en ocasiones, dedos. Yo creo que hace unos años era tan nervioso, tan nervioso, tan nervioso, que los nervios por hacerme mayor hicieron que dejase de crecer, y así me he quedado.
Por último la indecisión. A no ser que tenga una cosa MUY CLARA, a todo le doy vueltas. A las cosas que tengo claras también les doy muchas vueltas, pero es diferente, porque entonces lo que en un principio me gusta acaba por encantarme cada vez que lo pienso, y lo que odio lo acabo por aborrecer. Las cosas que no tengo claras son mi perdición. Cuando no tengo claro si quiero bocadillo de tal o de tal me cuesta demasiado elegir, porque no lo tengo claro, porque siempre me apetecen los dos, igual que con las dos prendas que he visto que me gustan y que me pruebo en una tienda de ropa. Eso sí, yo soy de los que defiende que cuando una cosa la tienes realmente clara, tienes que ir a matar por ello.
La próxima vez que me digan que no tienen ajoaceite en un restaurante para ponérmelo con mi tortilla de patatas en el bocadillo voy a meterme en la cocina a hacerlo yo mismo casero. Y mientras, intentaré vivir lo mejor que pueda con mis nervios y mis cosas.
Y gordo. No olvides gordo :D
ResponderEliminar*le echa el humo a la cara con cara de desprecio*
ResponderEliminarjajaja,vaya cosas me encuentro de casualidad no te consolara pero hay mucha gente como tú yo incluida, animo que la verguenza no come de momento .
ResponderEliminar